Y es justo en ese mismo momento en el que te das cuenta que todo cambió.
Que tu sonrisa ya no volverá a estar dónde hasta hace poco estaba, que tu mirada y la suya ya nunca se volverán a cruzar, que sus caricias no volverán, que ya no serás la causante de su felicidad, que esos mensajes jamás se enviarán, que esas noches en vela nunca más las pasarás hablando con él, que ya no serás la protagonista de sus sueños, que tu nombre ya no aparecerá todo el rato en su mente, que tu futuro y el suyo no son el mismo, que el destino no ha querido que sigáis juntos.
Pero también es en ese momento en el que comprendes que solo te quedan los recuerdos. Todos los momentos vividos junto a él nadie te los quitará, ni siquiera el tiempo.
Al fin y al cabo después de cada relación solo quedan los recuerdos, el recuerdo de un amor que nunca volverá.
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