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jueves, 30 de mayo de 2013

Una estúpida cría enamorada.

Hoy estaba en clase, aburrida; como de costumbre, estábamos en una asquerosa y larga hora, de esas en las que no puedes pensar en lo que te está diciendo el profesor, sino en otras cosas...
Intenté escucharle, pero yo no podía, mis pensamientos se escaparon de esa clase y se centraron únicamente en ti. Una vez más pensé en todo lo que podíamos ser, en los besos que todavía no llegaron, en los momentos que nunca se vivieron, en lo feliz que podría hacerte si tú me dejaras... En ese momento se me ocurrió mirarte, alcé la vista y allí estabas tú. Al estar de espaldas no podía verte la cara, pero seguramente estarías igual de precioso que siempre, con esos ojos que me hipnotizan y esa boca tan tentadora...
Sonreí casi sin darme cuenta, y sin quererlo se me escapó una pequeña risilla de tonta enamorada, que no pasó desapercibida para mi querido profesor. Me echó la bronca por haberme distraído de su "interesantísima" clase y yo me sentí tan avergonzada que agaché la cabeza con la esperanza de que nadie más se hubiera percatado de mi embobamiento. Entonces alcé la vista y te vi a ti, me estabas mirando y sonreías, sonreías al verme y poco después se te escapó una pequeña carcajada a causa de mi torpeza anterior. Yo no sabía muy bien cómo me sentía, por una parte estaba muy avergonzada por el descubrimiento de mi profesor, pero por otra parte; me habías mirado, esos precioso ojos marrones habían depositado su penetrante mirada en los míos, y poco después esa bella curva de tu cara había sonreído.
Volviste a tu posición original, pero mi felicidad interior todavía permanecía. Pude observar tu cabello de nuevo, ese color castaño tan corriente que para mi es el más especial del mundo solamente porque lo posees tú. Me volví a embobar una vez más, pero esta vez me di cuenta antes de que los demás dijeran nada y decidí coger un cuaderno para fingir que tomaba apuntes ya que no podía dejar de pensar en ti ni un solo segundo. De repente mi mano movía el boli por el papel casi sin que yo lo notase y acabé escribiendo tu nombre, ese nombre que al oírlo, hace que yo me estremezca y los colores se me suban a mi blanca piel.
Después decidí pintarlo del color que mejor representa lo que yo quiero que sientas por mi; amor. Luego lo adorné con unos corazones, típicos de una cría enamorada, pero es que yo me sentía así cada vez que me hablaban de ti; una estúpida niñata que soñaba con cuentos de color rosa.
Una vez acabada mi obra volví a levantar la vista del papel, para ver si había ocurrido algo interesante, entonces mi mirada se volvió a encontrar con la tuya, pero poco después dejó de ser correspondida para mirar a otra compañera de detrás. La miraste como nunca me miraste a mi, sin decir nada pero diciéndolo todo tan solo a través de los ojos y entonces le regalaste un beso en el aire. Ella lo recogió pero sin mucho entusiasmo y yo sentía que me quería morir, que quería gritarle con todas mis fuerzas a esa chica "¿sabes lo que hubiera dado yo porque ese beso fuera para mi?", sin embargo el destino no lo puso para mi, Cúpido jugó con mis sentimientos como si de fichas se trataran y una vez más volví a sentirme la persona más estúpida de este mundo, una chica que habría dado lo que fuera porque esa mirada, esa sonrisa y esos besos al aire hubiesen sido para ella.
A los pocos segundos sonó el timbre, señal de que la clase había terminado y podíamos volver a casa, a ese lugar dónde yo me siento segura y me digo a mi misma todos los días; "no te preocupes, mañana será otro día y volverás a hacerle sonreír" y hay veces que hasta pienso que esto será así siempre, que nunca te fijarás en mí y que yo estaré enamorada de ti toda la vida, como una estúpida cría enamorada.

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