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viernes, 14 de junio de 2013

Una historia sin título.

-        ¿Por qué me miras?
-         No te estaba mirando.
-       -Sí lo haces, y además desde un buen rato.
-          No te lo creas tanto.
-          No lo hago. Simplemente preguntaba.
-          Pues no preguntes lo que es obvio.
-          ¿El qué es obvio?
-          Nada.
-          ¿Por qué no me lo quieres decir?
-          Porque no tiene importancia.
La chica se dio media vuelta, el chico permaneció callado a los poco segundos también se giró. Ella estaba cabizbaja, él estaba triste. Intentó evitar la tentación pero no pudo, acabó mirándola. Ella se sintió observada, levantó la cabeza y se volvió a girar.
-          Ahora has sido tú.
-          ¿Yo? ¿Qué he hecho?
-          Mirarme, al igual que yo.
-          O sea que reconoces haberme mirado.
-          Tampoco creo que sea un delito.
-          No, simplemente me hace gracia.
-          ¿El qué?
-          Que los dos deseamos mirarnos durante toda la vida y ninguno se atreve a reconocerlo.
La chica bajó la cabeza avergonzada pero una pequeña sonrisilla apareció es su cara. El chico se dio cuenta y con mucha dulzura le acarició sus carnosas mejillas. Estaban calientes, quizás porque sentía mucha vergüenza o tal vez porque era así. La chica levantó la cabeza y sus miradas se encontraron. Esta vez no se picaron como antes, sino que dejaron que éstas hablasen, que se dijeran todo lo que sentían, todo lo que se necesitaban y todo lo que jamás podrán vivir.
Mientras no podían dejar de apartar sus ojos el uno del otro, las manos empezaban a cobrar vida y sin darse cuenta, la chica posó sus dedos en ese pelazo que él tenía. El chico se dejó acariciar, le gustaba que ella le tocase, que le acariciara, que le mimase.
-          Me tengo que ir
-          ¿Ya?
-          Sí, tengo clase y no puedo llegar tarde.
-          No sería la primera vez.
-          La otra vez fue por algo importante.
-          ¿Y eso no lo es?
-          No tanto como lo que pasó entonces.
-          Todavía lo recuerdas ¿no?
-          Claro.
-          Algún día me entenderás.
-          Nunca te he dicho que no lo entendiera.
-          Algún día me perdonarás
-          Nunca te he dicho que estuviese enfadada contigo.
-          Sé que no estas enfadada, pero sé que te molesto
-          ¿Y tú como lo sabes?
-          Porque a mí también me molestaría verte con otro.
-          Me tengo que ir.
-          Adiós.

-          Adiós.

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