La vida es... indescriptible, algo increíble, incoloro, indoloro e insípido. Es algo que no se puede tocar pero la sentimos dentro nuestro. No sabría muy bien cómo explicar la cantidad de significado que contiene esta palabra. Es una palabra repleta de sensaciones y sentimientos, algo asombroso e incapaz de ser entendido por el hombre.
Nos pasamos toda la vida creyendo que es un juego, que la manejamos a nuestro antojo y no es así. Es ella la que nos maneja y juega con nosotros, la que nos mueve como piezas en un puzzle; un puzzle llamado destino.
Es curioso como esta palabra cambia de significado con los años.
Cuándo somos niños, no tenemos mucha consciencia de lo que estamos viviendo. Las personas nos rodean y nosotros les correspondemos con sonrisas y en ocasiones algún lloro tonto. No sabemos el por qué pero necesitamos sonreír, es como una forma de decir, "eh, que me encanta lo que haces y por favor no pares".
La gente siempre dice "oh que mono" o también; "que rico que es" y de paso nos hacen alguna tontadica de esas por la que nos reímos a carcajada limpia. En ese momento nos encantaba esa vida. No éramos conscientes de la felicidad que teníamos en nuestros cuerpos ni tampoco de lo que cambiarían las cosas.
Poco a poco íbamos creciendo. Tus padres empezaban a regañarte por cosas que antes no tenían importancia. "Haz los deberes, no saltes con los zapatos en el sofá, no corras tan rápido". Nosotros lo veíamos como una tontería y nos parecía gracioso hacer rabiar a nuestros padres.
Los años se sumaban a tu edad y las responsabilidades aparecían. Empezábamos a quejarnos de bastantes cosas: "no quiero ir al colegio, no quiero hacer los deberes, no quiero estudiar". Tus padres te decían que tenías que hacerlo si querías llegar a ser algo en tu vida, que las cosas no son fáciles hoy en día y que hay que dar el callo. Todavía no te dabas cuenta de muchas cosas pero ya empezabas a echar de menos algo.
Con el tiempo tu infancia quedo desterrada en el recuerdo y la adolescencia llegó. Tenías diferentes gustos. Ya no te interesaba pasarte día y noche jugando con tu castillo de princesas o con tus muñecos de acción. Tus padres también pasaron a otro plano. Ya no te entendían ( o eso creías tú). Necesitabas estar con gente que te comprendiera. Empezaste a salir con tus amigos, a confiar en ellos cómo antes hacías en tus padres y a divertirte como un adolescente más.
Hasta ese momento las cosas no iban del todo mal.
Un día, llegó a tus oídos la pérdida de un ser muy próximo a ti.
"Cariño, el abuelo ha muerto".
<<No, no puede ser, él no.>>
Te quedaste helado. Nunca habías sentido ese dolor en tu corazón. Nunca llegaste a imaginar que él se pudiera morir, al menos no tan pronto. Querías retroceder en el tiempo, poder evitar que la vida se llevara a tu abuelo.
En ses momento empezaste a abrir los ojos. El mundo se volvió de color negro. Ya no sonreías. Ya no eras el mismo. Quizás te marcó demasiado.
Pasaron varios años hasta poder superarlo del todo. El mundo no era del mismo color rosa que en su principio parecía, pero al menos tenía mejor tono que en esa época.
"Toc toc, soy el amor"
Le viste. Le viste en un microsegundo. Notaste cómo una ráfaga de viento azotó tu pobre corazón. Era una sensación nueva, parecida a la que sientes por tus seres queridos pero mucho más intensa. Te hacía sentirte poderoso, capaz de hacer cualquier locura por esa persona. Era esa catástrofe espléndida que nos hacía bajar en un segundo desde el más hermoso de los cielos hasta el más peligroso de los infiernos.
Era una montaña rusa con sus momentos de subida de felicidad y sus momentos de bajada de tristeza.
No acabó bien. Nunca acabará bien.
Otro sentimiento más a la lista de suprimir.
Poco a poco empezabas a tener otra concepción de como era la vida. Esa extraña palabra que has escuchado tantas veces pero que nunca te habías puesto a pensar qué significaba realmente.
Tal vez no sea tan hermosa como en un principio parecía. Tal vez halla un lado oscuro en la belleza. Tal vez no hay nada que sea del todo bueno ni nada que sea del todo malo. Tal vez la vida no sería vida sin la muerte. Tal vez el amor no sería amor sin el desamor. Tal vez la felicidad no sería felicidad sin la tristeza.
Tal vez la vida no sea una mierda, tan solo hay que aprender cómo vivirla.
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