Hubo una vez en la que un ángel y un demonio se enamoraron.
Ella; con su mirada llena de bondad y su sonrisa que sobrepasaba los límites de la hermosura.
Él; con su sagaz prepotencia y su bestial atracción que llevaba al borde de la locura.
Quizás fueran piezas distintas del mismo puzzle.
A ella le gustaban los chicos dulces, bondadosos, afables y soñadores.
A él le gustaban las chicas rebeldes, traviesas, sarcásticas y con los pies en la tierra.
Tal vez fuesen diferentes suspiros provocados por el mismo sentimiento.
Pero el destino sabía que cartas jugar.
Él era las sonrisas y las lágrimas de ella.
Ella era el dolor y el alivio de él.
Él se convirtió en la locura de ella.
Ella se convirtió en la dulzura de él.
Sentimientos entremezclados en personas completamente opuestas.
Ella descubrió otro mundo nuevo; el mundo del mal.
Resultaba divertido y atrayente; por el simple hecho de ser un mundo prohibido.
Él descubrió otro mundo nuevo; el mundo del bien.
Resultaba relajante y gentil; por el simple hecho de hacer sonreír a los demás.
Todavía recuerdo esa mirada de malicia en la cara de ella. Fue como si algo en ella estuviera cambiando.
También me acuerdo de la mirada de satisfacción en él. Fue como si él también se estuviera transformando.
Pero algo no iba bien.
Algo les hacía permanecer unidos pero al mismo tiempo los separaba.
Con el tiempo ella acabó transformada del todo, al igual que él.
Él comenzaba a tener otro tipo de gustos. Ya no le atraía el mal.
Ella no quería estar con él. Ya no le atraía el bien.
Y como dos hojas movidas por el viento, de la misma forma que se juntaron se separaron.
Ella era completamente distinta.
Era capaz de matar por él.
Él era completamente distinto.
Era capaz de luchar por ella.
Pero el destino volvió a jugar con ellos.
Pasó bastante tiempo y volvieron a encontrarse.
Ella ya no era reconocida en el cielo.
Él era desconocido en los infiernos.
Se miraron fijamente una vez más.
Miradas diferentes en cada uno pero mismo sentimientos despertados en los dos.
Lo que empezó un día volvió a resurgir con solo una mirada.
Y al igual que él transformo a ella al mal y ella transformo a él al bien, él volvió al mal y ella al bien.
Y una vez más volvieron a separarse.
Y esta historia continúa hasta el fin de sus días, de nuestros días.
Dicen que cuándo un ángel y un demonio se enamoran nunca puede acabar bien, al mismo tiempo que dos polos opuestos se atraen llega un momento que la atracción es tan fuerte que acaba separando todo.
Eres el único mal que me hace bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario