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jueves, 25 de julio de 2013

El suceso que nos hace darnos cuenta de muchas cosas...

Suena el despertador. Te levantas pensando que será un gran día, que nada malo va a suceder, que nadie te impedirá ser feliz. Vas al lavabo. Te lavas la cara, te peinas y te diriges hacia la cocina. Ahí está tu madre, preparándote un buen desayuno. Os dais los buenos días acompañado de dos cálidos besos. Te pregunta qué tal has dormido. Le respondes amablemente pero sin querer alargarte mucho, pues hoy tienes un poco de prisa. Terminas el desayuno y te diriges hacia tu habitación. La recoges y eliges la ropa que te vas a poner. Tu mejor amiga te estará esperando y no quieres tardar mucho. Una vez vestida, sales de tu habitación y te diriges hacia el cuarto de baño para terminar de arreglarte. Tu madre te ve y te pregunta dónde vas. Tú solo le dices que has quedado. Te dice que hoy necesita tu ayuda, pues tu abuela va a venir a comer y quiere que preparéis una buena comida para celebrar el cumpleaños de tu "segunda madre". Le dices que no puedes, que ya habías quedado y que se apañe ella sola. Le sienta mal esa contestación y acabáis discutiendo. Os echáis en cara muchas cosas, cosas que nunca deberían decirse. Acaba llorando y tú muy enfadada. Quieres salir de allí cuanto antes. Coges las llaves, abres la puerta y te vas sin ni siquiera decir un triste "adiós". Sales a la calle. Coges el móvil y ves que te quedan diez minutos. Llegas a la parada del autobús. No hay mucha gente, señal de que hace poco que ha pasado. Le echas la culpa a tu madre por haberte echo perder tiempo. Mientras llega el autobús decides llamar a tu novio. Contesta pronto y eso te alegra. os saludáis cariñosamente. Le preguntas dónde está y qué está haciendo. Te responde que está en su casa con su madre y su padre. Eso te duele y te recuerda a la discusión de antes pero no le das importancia. De repente oyes una voz al otro lado del teléfono. Te pones un poco celosa ya que no es su madre. preguntas quien es. Te responde que no es nadie. Te enfadas. Él no quiere que te enfades. Te molesta. Él haría lo que fuera para que no te enfadaras. Le vuelves a preguntar si está con otra. Él te contesta un seco "no". Sabes que te miente y le cuelgas. No quieres saber nada de él hasta dentro de un tiempo. Unas lagrimillas caen por tu cara. Coges un pañuelo y te las secas. La mujer que estaba al lado se preocupa y te ofrece un pañuelo. Tú le respondes de malas maneras, fruto de la conversación anterior. El autobús llega y subes rápidamente sin ningún respeto por los que estaban antes que tú. Te sientas en uno de los asientos libres del final. Vuelves a coger el móvil y recuerdas la conversación otra vez. Por un momento piensas que igual le decía la verdad y no estaba con otra. Piensas en llamarle, pero eres demasiado orgullosa para hacerlo. Suena un pitido en el móvil. Te ha enviado un mensaje. Te dice que era una amiga de su hermana y que por favor no te enfades. Una parte de ti quiere contestarle, pero tu orgullo le puede. Le ignoras y recoges el móvil. Miras el reloj. Tendrías que haber llegado ya. Tu amiga se volverá a enfadar por ser tan tardona. Le echas la culpa otra vez a tu madre y a tu novio. No piensas que quizás la culpa es tuya por no haber puesto el despertador quince minutos antes. Te enfadas otra vez. No quieres saber nada de ellos dos. De repente recuerdas las palabras de tu madre; "el cumpleaños de tu segunda madre". Piensas en llamar a tu abuela para felicitarla pero crees que es mejor hacerlo por la tarde y de paso intentarás hacer las paces con tu madre. Miras por la ventana. Notas que el autobús corre cada vez más rápido. Tienes miedo, nunca te gustó la velocidad. De repente ves un coche que corre a toda pastilla y se dirige hacia el autobús. La gente murmura algo, pero no te importa, sólo puedes pensar en lo de esta mañana, ni siquiera se te ocurre la idea de que te pueda pasar algo. Atraviesan una curva en la que deberían reducir un poco la velocidad. El coche está cada vez más cerca. El autobús acelera. Tres segundos. Dos segundos. Un segundo.-----------------------------------------------------------------. El otro coche consigue desviar el autobús y acaba empotrado en una acera con un montón de personas inconscientes. Nadie murmura nada. Nadie dice nada. nadie mira por la ventana. Nadie maldice al otro conductor. Nadie habla por teléfono. Nadie contesta a la llamada que les hacen. Hay un silencio general. Un silencio molesto. La gente de la calle se asusta y se dirige hacia el autobús. Se oye cómo varias personas de afuera llaman a la policía, a la ambulancia, a los bomberos... Consiguen abrir las puertas y entrar. Ven a mucha gente herida. Se oyen llegar las sirenas de la policía y la ambulancia. la gente preocupada gritan desesperados. Varias personas que estaban en el autobús se levantan y consiguen explicarles todo a los agentes. Sacan a todas las personas. Unas se encuentran bien, otras regular y otras peor. De momento parece que no hay muchos fallecidos. Las víctimas son atendidas y llevadas al hospital. Las que pueden contarlo, dan gracias a quién sea que haya hecho que ellas estén vivas.
El conductor consigue salir y observa en silencio el autobús desierto. Se siente culpable y quiere ayudar. Mira hacia el fondo y ve la cabeza de una joven. Corre hacia dentro otra vez. La gente se mira sorprendida.
Murmullos predominan en el aire. Se queda paralizado al ver la muchacha tan joven y tan grave. Tiene el cuello partido y el cuerpo con muchos rasguños. Tiene un móvil en la mano. Suena. Es una tal "mejor amiga". Un mote cariñoso entre dos amigas. No puede evitar llorar. La coge en brazos y sale del autobús. Los agentes les ven y salen en su búsqueda. La ambulancia la intenta reanimar. Es tarde. De repente te levantas de tu asiento y coges tu móvil. No lo encuentras y tampoco tu bolso. Llamas a la gente para que te ayude. Nadie te escucha. Es cómo si fueras invisible. Te miras las manos. Son extrañas. No pareces tú. No sientes nada de tu cuerpo. Alzas la vista y observas cómo un montón de gente están rodeando a alguien. Te diriges tú también. Pides a la gente que se aparte pero nadie te hace caso. Parece cómo si estuvieran sordos. Consigues hacerte un hueco y cuándo consigues ver de quién se trata, te asustas. Esa chica te resulta familiar, demasiado familiar. No quieres admitirlo. Lloras. Oyes cómo suena su móvil. Tú móvil. Es ella. Su madre. Tu madre. La gente coge tú móvil y les comunican a los agentes que se debe tratar de tu madre. Les gritas que no lo cojan. Tú no puedes estar muerta, tú estás viva. Tiene que haber una solución.Un remedio para que vuelvas a estar bien. En ese momento toda tu vida pasa por delante. Ves cuándo tu madre te cogió por primera vez. Ves cuándo tu padre te dio tu primer beso en la mejilla. Ves cuándo te acunaron para que te durmieras. Ves entraste por primera vez a ese lugar que tanto miedo te daba y que tu madre siempre te decía que aprenderías mucho en él. Ves la primera vez que conociste a tu mejor amiga, tu primera amiga. Ves esos juguetes que tanto querías y que tu padres te compraban. Ves los días de verano en los que tu abuela te llevaba al parque. Ves todos tus primeros días de colegio. Ves todos los exámenes que cada año eran más difíciles. Ves todos los caprichos que te consintieron por ser la niña de sus ojos. Ves tu primer móvil que con mucho esfuerzo conseguiste, no era gran cosa pero en ese momento se lo agradeciste muchísimo. Ves todos los amigos que hiciste con el tiempo. Ves la primera vez que le conociste, por casualidad, el amigo de un amigo. Ves todas las conversaciones que tuvisteis. Ves todos los enfados con tu madre. Ves todos los reproches que le hiciste. Ves todos esos celos que tuviste con tu novio. Ves todos los "te quiero" que se perdieron por el camino. Ves todas las quedadas con tus amigos. Ves las peleas tontas con tu mejor amiga. Ves todo. Los ves a todos.
La gente sigue rodeándote juntos a otras dos personas que parecen haber pasado lo mismo que tú. Lloras cada vez más y sin que nadie te pueda consolar. Una mano se posa en ti. Te giras y ves a las dos personas que están junto a ti a unos metros. Te dicen que te comprenden, que a ellos les ha pasado lo mismo.
En ese momento te quedas callada y reflexionas. Te das cuenta  que hay cosas que no deberías dejar para mañana. Que podrías haber llamado a tu madre y arreglar las cosas. Que deberías haber llamado a tu abuela para preguntarle que tal estaba y felicitarle. Que tendrías que haber sido más comprensiva con tu novio y no enfadarte con él por una tonta confusión. Que tendrías que haberle dicho a tu amiga de quedar otro rato y quedarte ayudando a tu madre para hacerle un buen regalo a tu abuela.
Entonces piensas en lo mal que lo pasarán cuándo se enteren de lo que te ha pasado. Maldices tu estupidez, tu egoísmo, tu vagancia, tu orgullo. Te maldices a ti misma por ser tan poco agradecida. Por permitir que tus malos sentimientos ganen a los buenos. Pero ya es tarde, ya no puedes hacer nada y es curioso porque sólo nos damos cuenta de todo lo que tenemos hasta que algo, en esta vida, nos hace rectificar, pero en algunas ocasiones ya es tarde, demasiado tarde para ser feliz de verdad.

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