Translate

jueves, 11 de julio de 2013

La historia de una amor que nunca morirá.

Parece que fue ayer cuando tú y yo eramos un nosotros. 
Hoy, escondida entre la gente te he vuelto a ver después de tanto tiempo. Ahí estabas tú, con tu misma sonrisa y tu misma atracción y ahí estaba yo, con mi misma ingenuidad y mi misma admiración.
No estabas acompañado por nadie pero alrededor tuyo había varias personas, todas ellas muy interesadas en lo que tú decías, sin embargo parecía que no te interesaba su compañía.
De pronto te giraste y me pareció notar que el tiempo se detuvo en ese instante. Los dos callamos, pero nuestras miradas hablaban, se decían todo lo que nuestros corazones sentían y todo lo que nunca nos atrevimos a decir.
Lentamente te acercaste, saludaste a mi acompañante y después me sonreíste. Me dedicaste una de esas sonrisas tuyas que siempre me estremecen y que luego desapareció. Quizás por miedo a tus pensamientos o tal vez porque no querías que nadie supiese lo que tanto rondaba en nuestras cabezas.
Fingiste que no nos conocíamos y yo te seguí el juego, tal vez porque yo tampoco me atrevía a demostrarle a todo el mundo lo que mi corazón guarda bajo una capa de sentimientos destruidos.
Estuvimos un buen rato charlando los tres, aunque para mí sobraba una persona y no eras tú.
Mientras tú y él contabais anécdotas de tiempos pasados, yo me fijaba en tu sonrisa. Siempre me había encantado, desde pequeña, cuándo te conocí por primera vez. Por aquellos años ya supe que serías una persona muy especial para mi y ahora me lo estás demostrando.
Prometiste que volverías a por mi, y durante años esa idea fue la que me mantuvo con vida.
Pasaron varios días y todavía seguías estando en mi cabeza. hasta que un día volví a verte. Esta vez estábamos solos, o eso creía. Volviste a sonreírme y a diferencia de la otra vez, la sonrisa no desapareció.
Poco a poco, las lágrimas se fueron apoderando de mi, pero no eran de tristeza, sino de alegría, de añoranza, de amor... Tú me las secaste y sin decirme nada me besaste. En ese momento supe que echaba demasiado de menos tus besos. Nos separamos lentamente sin dejar de mirarnos. Esta vez tu sonrisa estuvo acompañada de la mía.
De repente, alguien apareció entre las calles de Madrid. No le conocías pero yo sí. Era un viejo amigo. Nos saludo, quizás a mi más "cariñosamente". Parecías sorprendido por su reacción y también un poco molesto. 
Poco después se marchó y tú me preguntaste por él. Te pusiste celoso y aunque nunca te lo dijera, eso me encantaba. Me gustaba que te preocuparas por mi y por lo que mi corazón pudiera sentir.
Esto se repitió varios días, hasta que te atreviste a soltarme todo lo que llevabas dentro. Acabaste derramando unas pequeñas lagrimillas, fruto de todo el tiempo que estuvimos separados.
Sé que tú no puedes estar sin mi, igual que yo no pueda estar sin ti. 
Nuestra historia volvió a reaparecer, pero a veces el destino puso fin a una relación para que nunca vuelva a parecer, por mucho que los protagonistas quieran revivirla...
Tú y yo y que el cielo nos juzgue.

No hay comentarios:

Publicar un comentario