Todavía llevo la cuenta de la última vez que nos vimos.
Recuerdo que nos encontramos de casualidad, como si la vida lo tuviera pensado. No sabía nada de ti desde hace bastante tiempo, pero seguía pensándote a cada instante de mi patética vida.
En ese momento no supe muy bien cómo reaccionar, pero enseguida mi corazón me guió. Te miré fijamente. Sobraban las palabras. El tiempo se detuvo en ese micro segundo. Pronto ese silencio cargado de sentimientos despareció. Me preguntaste que tal me iba la vida. Yo, como una tonta, te mentí y te dije que estaba perfectamente. No quise reconocer que te echaba demasiado de menos. Mi orgullo volvió a vencer como aquella vez...
A los pocos días, nuestros caminos volvieron a cruzarse. Mi corazón gritaba de alegría, bajo una máscara de profunda serenidad. No pude seguir fingiendo durante mucho tiempo. En cuanto me cogiste la mano, algo en mi interior me incitó a besarte. Fue un beso magnífico. Los dos habíamos soñado con esto. Nada podía impedir que nuestros labios se unieran hasta que se fundieran el uno con el otro. Nos abrazamos con amor. Los dos lo necesitábamos. Dejé que mi corazón tomara la iniciativa. Después de todos esos años ocultando mis sentimientos, al final acabaron saliendo. Y es que eso solo tú lo puedes conseguir.
Nos veíamos casi todos los días, para alegría de mi pobre corazón. Pasábamos mucho tiempo juntos. No salíamos de mi casa, pero eso no me importaba; solo quería estar contigo. Hacíamos lo que solo pudimos vivir antes en mis sueños; nos besábamos sin tapujos, nos abrazábamos hasta las tantas de la madrugada, nos decíamos "te quiero" cada dos por tres, discutíamos de broma para luego acabar enredados el uno con el otro, nos gastábamos bromas con cariño, nos reíamos de felicidad... Fueron los mejores días de mi vida. Pero hay veces que lo bueno no siempre dura. Con el tiempo te volviste mas cerrado. No me dejabas ayudarte. Te intentaba entender, pero no podía. No podía comprender por qué habías cambiado. Tuvimos varias peleas, para luego acabar yo cediendo y rendida a tus pies. Era incapaz de estar enfadada contigo. Daba igual la barbaridad que hicieras; que yo siempre iría en tu búsqueda.
Fueron pasando los días y seguíamos igual. Yo me volví de otra forma. Era la parte que sufría de la relación. La gente no me reconocía, decía que no era la misma, que había cambiado. Me dejaba pisotear por ti, para luego acabar humillada. Lloraba por la esquinas pidiendo un poco de comprensión. Intentaba mostrarme fuerte cuando en realidad estaba rota por dentro. Era dependiente de ti. te necesitaba a ti para poder ser realmente feliz. Necesitaba tu sonrisa, tus abrazos, tus cariños, tus caricias. Necesitaba que me protegieras como solo tú hacías. Eras como una droga para mi. Algo que necesitaba para sonreír, pero que en realidad me mata poco a poco hasta convertirme en un cadáver que puede respirar, soñar, caminar; pero cuyo corazón jamás latirá otra vez.
Eras mi veneno, mi dulce veneno. Ese que me sabía tan bien, pero que en realidad me destruía por dentro... Con el tiempo me aislé yo también. Dejé de tener contacto con los demás. Solo podía pensar en ti. Las demás personas daban igual. Me estaba muriendo interiormente, muriendo de amor.
Hasta que un día, desapareciste sin decir nada. Te fuiste como pluma que trajo el viento. No te despediste de mi; la persona que sacrificó lo que mejor tenía solo por ti, la persona que envenenaste con tu aroma y tus falsos piropos, la persona que se enamoró ciegamente de ti, la persona cuya droga eras tú.
Y con el tiempo iba llorando cada vez más. Te recordaba en cada momento una vez más. El destino te apartó de mi para terminar de matarme.
Ahora; a dos años, un mes, 3 semanas, 14 días, 20 horas, 18 minutos y 25 segundos sin ti, vuelvo a comprender que no volveré a sonreír de verdad si no estás. Sigo enganchada a ti a pesar de que no te haya visto desde entonces. Mi corazón murió el día que decidiste poner tierra de por medio, pero jamás conseguirás que deje de sentir todo lo que siento, ni siquiera matándome lo harás. Al fin y al cabo; tú eres mi veneno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario