<<Gorda de mierda, foca, estúpida, lady lorzas, ballena, revienta suelos...>>
Te levantas de la cama sin muchas ganas. Sabes que les tendrás que volver a oír riéndose de ti. Te miras al espejo. No prestas atención a tu cara ni a tu pelo, tan solo te fijas en tu cuerpo. Lo odias, lo odias con todas tus fuerzas. Te miras fijamente y te insultas; como hacen los demás.
Haces la cama, recoges tu cuarto y te marchas no sin antes volverte a mirar al espejo por... ¿quinta vez? Da lo mismo, siempre aparece la misma asquerosa imagen. Decides no desayunar. ¿Para qué? son calorías innecesarias.
Entras a tu instituto. Todos te miran y de fondo se oye miles de sonoras carcajadas. Fijas la vista al suelo al mismo tiempo que tratas de pensar en otra cosa. La gente que pasa a tu lado te dedica muchos adjetivos, cada día son más ingeniosos. Lloras en silencio. No vas a volver a permitir que te vean derrumbarte otra vez. Las horas de la mañana transcurren y llega el almuerzo. Tu no has traído nada. Te mueres de hambre pero aguantas. La gente hace comentarios grotescos una vez más; que si glotona, que si zampabollos, que si tragona... Sonríes irónicamente por fuera mientras te desgarras por dentro.
Siguen pasando las horas y tus tripas rugen más y más, pero ya estás acostumbrada. Para ti solo llevas unas horas sin comer, para la realidad un par de días.
El timbre ha sonado y sales corriendo de aquel infierno. Tu único destino es tu casa pero no lo haces. No quieres tener que volver a discutir con tu madre por no comer. Siempre se pone muy pesada.
<<Pero mamá, yo nunca podré ser anoréxica ¡mira que lorzas! Una anoréxica jamás tendría toda esta masa>>
Caminas por la calle. Te empiezas a sentir mareada pero no le das importancia. Caminas más rápido para quemar unas cuántas calorías. Pasas por muchos cristales dónde se refleja tu imagen. Te paras en cada una de ellas. Cada vez tu mirada tiene más odio hacia esa imagen. Escupes al cristal y te marchas. Poco a poco el hambre se hace más grande y siente como la cabeza te da mil vueltas. No puedes continuar; tus piernas se han quedado inmóviles. Notas como los ojos se cierran lentamente y tu cuerpo pierde el equilibrio hasta que tu cabeza toca por sí sola el suelo. Primer aviso.
<<No os preocupéis, estoy bien. No ha sido nada. Sólo ha sido por puro agotamiento de verdad. Yo jamás dejaría de comer.>>
Llevas ya una semana sin probar bocado y no sólo eso, has empezado a vomitar. No perdías lo suficiente. Decidiste empezar con algo mejor. Tu imagen se va estrechando cada día más. Te sientes feliz, orgullosa de ti misma. Los mareos se siguen repitiendo en cuánto te dispones a hacer algún movimiento, pero no les das importancia. Tus amigos empiezan a darse cuenta de tu problema. Te intentan ayudar pero tú sigues sin reconocerlo.
<<¡No tengo ningún problema con la comida! ¿Has visto que lorzas? ¿De verdad crees que una gorda como yo puede ser anoréxica?>>
Una semana y media. Tus fuerzas son inexistentes. Te pasas días y noche en la cama. Tan solo te levantas para vomitar y seguidamente mirarte al espejo. Tus padres están desesperados. No saben qué hacer para impedirlo. Siempre te las ingenias para salirte con la tuya. Tus amigos empiezan a alejarse de ti. Tú misma les invitaste a hacerlo. Ellos hicieron todo lo posible por ayudarte pero tú les obligaste a salir de tu vida.
Tu mundo es un pozo sin fondo. Nadie te entiende. nadie comprende que lo único que necesitas para ser feliz es perder, ser delgada, ser una barbie. Vomitas otra vez.
<<Sigo estando gorda. ¡Nunca dejaré de ser una foca! Me odio. Soy asquerosa>>
Tres semanas. Estás ya en el hospital. Tus padres se hartaron de verte tan mal. Llevas ya diez mareos en la espalda. No tienes la suficiente fuerza cómo para abrir del todo los ojos. Solo puedes dormir, dormir y vomitar. De fondo oyes las lágrimas de desesperación de tu madre y los lamentos de tu padre. Unos amigos tuyos también han venido. Se sienten culpables de lo que te ocurre. Los médicos traen malas noticias.
<<¿Por qué lloráis? Estoy bien. ¿No veis lo delgada que estoy?>>
Tu madre está a tu lado. Sientes sus ojos clavándose en tu cuerpo. No puedes verla. Algo a lo lejos te llama. No es nadie de tu familia ni ningún amigo tuyo. Es alguien diferente, alguien tétrico, alguien espeluznante. Tu la sigues. Tienes fuerzas. Miras atrás y observas tu cuerpo inmóvil rodeado de todos tus seres queridos. Empiezas a comprender todo. En ese momento lloras pero nadie te oye. Gritas pidiendo perdón y deseas con todas tus fuerzas que todo ésto sea un sueño. pero algo te hace volver a la realidad. Su mano gélida se desliza por tu hombro. te fijas en su mano, no tiene carne, tan solo huesos. Luego te giras y ves su cara; nada. No tiene cara.
- Tenemos que irnos.
<<No fue culpa vuestra, tan solo de la sociedad. Ellos me obsesionaron con un cuerpo perfecto. Yo no quería esto, yo solo quería ser normal, ser delgada. Solo quería tener una vida feliz. pero me equivoqué, elegí un mal camino. Tan solo rezo por que la gente se dé cuenta de todo lo que hay detrás del calificativo "gorda">>
- Señores, su hija a muerto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario