Hay momentos en los que ni tú misma sabes cómo sentirte. No sabes qué te hace estar así. No entiendes por qué no puedes sonreír cómo hacías antiguamente. No puedes controlar tus propios sentimientos. No logras dejar de pensar en una sola cosa. No consigues dejar de llorar. No puedes evitar engañarte a ti misma. No paras de escuchar esa canción que tantos viejos recuerdos te trae.
Hay momentos en los que nadie puede entender todo lo que recorre tu cuerpo. Nadie comprende por qué le quieres. Nadie se explica qué te hizo convertirte así. Nadie intenta ver lo que escondes bajo una sonrisa tan falsa como sus mentiras. Nadie entiende por qué actúas de esa manera. Nadie ve claramente lo que te pasa.
Hay momentos en los que te crees hasta tus propias mentiras. Mientes cuándo dices que quieres olvidarle. Mientes cuándo cuentas que ya no recuerdas nada de lo que pasó. Mientes cuándo afirmas que eres más fuerte que él. Mientes cuándo piensas que le importas. Te engañas para ser feliz, cuándo todos saben que solo puedes ser feliz con tus recuerdos. Te empeñas en aferrarte a tu pasado. No avanzas, no quieres seguir adelante. Cada paso hacia el frente son cuatro pasos atrás.
Lo duro es que cada vez que consigues levantarte, cada vez que vuelves a ser feliz, cada vez que miras la vida de la misma forma que antes, cada vez que saltas de felicidad; ocurre algo que te hace caer. Una fotografía, una conversación, un chisme, un dibujo, una frase, una canción, un tuit, una palabra, un aroma, una ropa, una mirada, una carcajada, un suspiro, una carta, una entrada, un sueño, una lágrima, una historia, una película, una serie, un movimiento, un color.
Hay momentos en los que sueñas con volver al pasado. Darías lo que hiciera falta por regresar, por volver a esa época. Te das esperanzas tontas creyendo lo imposible. Nada logrará que vuelvas. Nunca podrás regresar. Nunca serás esa misma chica. Nunca serás tan ingenua. Nunca serás tan inocente. Nunca soñarás con lo mismo.
Has cambiado. No eres igual. Te comportas de un modo distinto, casi melancólico. Intentas ser lo que antes eras; es en vano, no eres ni la sombra de lo que eras.
Solo quieres bailar. Bailar hasta perder el control. Bailar hasta pisotear todas tus lágrimas. Bailar hasta perder el conocimiento. Bailar hasta morir. Bailar hasta que todo ésto pase. Bailar hasta que tus pensamientos queden libres.
Duele saber que él nunca entenderá todo lo que sientes. Duele ser siempre la que sufra. Duele intentar sonreír cuándo dos lágrimas caen de tus ojos. Duele que le importes lo que es nada mientras él es tu todo. Duele que pase esto una y otra vez. Duelen tantas cosas... que ni en una entrada te las podría enumerar todas.
Tan solo decirte que enhorabuena; he vuelto a caer yo sola.
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