Creo que esa frase ha sido la más repetida durante las últimas 48 horas.
Nunca me he sentido más débil que ahora. O tal vez sí.
Dos ocasiones en las que no tenía ganas de nada más que de descansar eternamente... y ambas fueron por ti.
Me siento anulada contigo. No soy yo, nunca fui del todo yo misma junto a ti.
Estoy harta de recordarte con lágrimas en los ojos. Quiero volver a ser la que era.
Quiero poder sonreír a la vida como una pequeña soñadora. Deseo reírme con una buena carcajada como habitualmente hacía.
Me miro al espejo y no veo nada más que tristeza. Observo mi mirada, esa que en su tiempo solo albergaba amor y felicidad, ahora ya no queda nada de esa chica. Solo hay dolor, desesperación, cansancio y miedo; mucho miedo.
Tengo terror. Pavor por todo en lo que me he convertido.
¿Dónde quedó esa risueña muchacha? ¿Dónde guardé aquella bella curva que tan a menudo aparecía antes?
Ya no me reconozco, me miro y no sé quien soy. Intento indagar en esa nueva chica que aparece reflejada pero no consigo encontrarme.
Esa joven no soy yo, imposible.
No puede ser.
Yo no he podido acabar así.
Ya no me estimula nada. La música no consigue calmar todas mis penas. Correr no me desfoga como solía lograr. Cantar no me hace sentir mejor. Llorar no me libera de todo mi mal estar.
Nada consigue que vuelva a ser la de antes.
Ni siquiera tú.
Ni los recuerdos.
Ni tu sonrisa.
Ni tu nombre.
Ni tus abrazos.
Nada.
Soy tonta. Valiente estúpida de mi. Creer que algún día podrías entenderme me hace ingenua.
Solo me queda insultarme. Mirarme y golpearme. Odiarme por que no me quieras. Escupirme y aporrear esa imagen que se refleja en frente de mi.
Algún día volveré a ser feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario