Translate

domingo, 2 de marzo de 2014

Tú.

Has cambiado.
Empiezo con esta entrada afirmándote lo que mi cabeza no para de dar vueltas.
Parece mentira que tantos meses alejada de ti nos haya convertido en dos extraños...

<<Extraños>> <<Desconocidos>> <<Personas que ya no comparten nada>>.

Los demás no lo notan, no perciben la tristeza que guardan tus pupilas, no conocen la falsedad de tu sonrisa, no llegan a comprender por qué pienso que eres distinto.
Quizás yo sepa todo eso porque me enamoré de tu sonrisa verdadera, no de esa que pones ante extraños que no confías... como la que me pusiste a mi el otro día. 

Ahora es cuándo una punzada atraviesa mi corazón. Esas que solo aparecen cuando junto las palabras; tú y yo somos extraños. 

Las lágrimas empiezan a apoderarse de mi. Salen al exterior después de varios días retenidas.
Necesitaban ser expulsadas.
Pero tengo que aguantar, al menos hasta pulsar la tecla con la que finalice esta entrada.

Esta semana han llegado a mi corazón recuerdos enterrados entre lloros y patadas al aire.
Las frases que se repitieron esos últimos días me torturan, me taladran el lugar dónde reside tu nombre.
Siempre tuve miedo de perderte, pero a diferencia de lo que aconsejan los psicólogos; yo nunca quise enfrentarme a mi miedo. 
Al final tuve que hacerle frente por obligación. Tenía que alejarme de ti si quería volver a ser feliz. Pero fracasé. Me encontraba inerte sin ti. Cuándo quise rectificar era ya demasiado tarde; tú no me necesitabas ya en tu vida.
A veces me culpo por no haber sabido controlar mis sentimientos, por no haber sido más racional y no impedir que el amor se apodere de mi razón, de mi ser. 

Pensé que serías más feliz sin mi, que no te atosigaría con mis lágrimas y que tu futuro sería más claro y agradable. Eso me hizo separarme de ti para siempre. Si yo no era feliz, al menos quería que tú lo fueses por los dos. Al fin y al cabo yo solo necesito tu sonrisa para ser feliz.

Cuándo te vi, me dolió que mis premoniciones no se cumplieran. No eras tan alegre ni risueño como hace un tiempo eras. Eso me provocó otra punzada en mi pobre y abatido corazón.
Sin embargo algo si que se hizo realidad; ya no me necesitabas en tu vida.
Ya no podía ayudarte cómo antes intentaba.
Ya no me dejabas escucharte cómo hace tan solo seis meses hacía.
Ya no me querías en tu vida.

He de confesar que tras escribir esa última frase mil punzadas han atravesado nuevamente ese órgano que solo consigue latir con tu presencia.
Esta entrada llega ya a su fin y con ella las lágrimas florecen otra vez.
Solo decirte una cosa; por mucho que tú me hayas echado de tu vida, por mucho que ya no quieras volver a esa época, yo siempre te necesitaré en la mía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario