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jueves, 8 de octubre de 2015

Los escombros de su corazón.

La encontraron meses después con las manos blancas de pintar su nombre en la pared y el tuyo junto a él borrado, manchado de falacias, de falsas creencias, de ilusiones inacabadas y de sueños rotos en pedazos. Ella tirada en el suelo, terminada, apuñalada por el paso del tiempo y sus divagaciones, por esos recuerdos que le persiguen constantemente. Una botella vacía y un cigarro cuyas cenizas quedan esparcidas por su piel eran su única compañía.

Dolor. Odio. Rabia. Celos. Envidia. Desasosiego. Muerte...
El dolor de odiarte.
El odio de tu rabia.
La rabia de mis celos.
Los celos de tu envidia.
La envidia por tu desasosiego.
El desasosiego de mi muerte venidera.

Se levantó cautelosamente y se miró al espejo para comprobar si seguía viva. Ante ella solo aparecía una especie de cadáver que respiraba pero no sentía. Arrojó la botella contra el cristal y escupió repitiéndose a si misma "no vales nada". Encendió un cigarro dejando caer la ceniza sobre los pocos centímetros de piel que quedaban sin abrasar, pero no le dolía, ya no sabía qué hacer ante esa sensación... nada podía asemejarse a la congoja que producía ver tus dedos sobre otra.
Cerró los ojos y se dejó caer al vacío; el vacío de un cuerpo cuyos órganos han dejado de funcionar, el vacío de alguien que vive y muere al mismo tiempo; el vacío de tenerte en su mente pero no entre sus brazos.

Amor. Odio. Promesas. Mentiras. Sonrisas. Lágrimas. Adiós...
El amor que lleva al odio.
El odio que se difuminaba entre tus promesas.
Las promesas que se caracterizaban por mentiras.
Las mentiras que te hacen sonreír.
La sonrisa que se traduce en lágrima.
Las lágrimas tras ese maldito adiós.

Y cuánto más anhelaba verte; más bebía. Y cuánto más lloraba; más se quemaba, Y cuánto más se desesperaba; más cantaba. Y cuánto más recordaba; más se emborrachaba. Y cuánto más sentía la mano gélida de la muerte; más sonreía...
La vida solo puede ser muerte si no estaba contigo.

La encontraron meses después; tirada en una esquina, sin vida, acurrucada entre los escombros de un lugar que se asemejaba a las ruinas de su corazón con una nota inacabada, esperando tu respuesta:

<<Porque te quiero; te odio. Porque te amo; te desprecio. Porque te vivo cada instante; me mato cada minuto.>>

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