Si alguna vez llegaste a pensar en mi, mi respuesta es que si, que se me quebraba el alma cuándo te levantabas temprano y ya no te encontraba entre mis sábanas, que el viento no me acariciaba tan suave como tus dedos hacían, que las lágrimas que bañaban mis labios no eran tan húmedas como el sabor de tus besos, que nada fue lo mismo desde aquel 15 de noviembre.
El verano era frío y el invierno era aún más solitario. La primavera ya no despertaba sentimientos en mi corazón y el otoño no me azotaba con el vaivén de las hojas. La vida no era vida y la muerte era lo que mis pensamientos me pedían constantemente. ¿Dónde estás? ¿Dónde te fuiste? ¿Dónde acabaste con todo? Dónde...
Años pasé así; lustros, décadas sin volver respirar tu aroma y sin fumarme el humo que de tu boca salía. Años, meses, semanas, días, horas, minutos, segundos anhelando tu regreso... y ahí te encontré, esparcido entre la multitud, posando tu mirada sobre mi corto vestido, mis zapatos más bonitos, mi larga melena oscura, mis ojos castaños que se desorbitaron al verte.
Me cuesta tanto fingir, actuar en contra de nuestros latidos y sobretodo no poder tocarte solo como yo sabía hacer. Y que más da el mundo si yo solo te deseo a ti. Qué más darán ella y él si tú y yo somos esa mezcla perfecta adornada con una leve música y un poco de escritura. Qué te importa el resto si yo era la única que te llevaba al extremo del placer... cuesta tanto disimular.
No podemos engañarles querido, al menos no a todos. Mis zapatos separados, mi vestido tirado al vacío, tu corbata desaparecida, tu traje a medio poner, mi almohada en el suelo, mis sábanas sobre la mitad de nuestro cuerpo y ese cigarrillo de después no pueden ser engañados. Ni ellos ni mi corazón, ni tus latidos, ni el temblor de tus labios cuándo me despido de ti, ni el enrojecimiento de mi cara al recordar esas noches de calor, ni el imán que tiene tu cuerpo hacia el mio, ni por supuesto mis pensamientos fugándose con tu voz; aquella que se quiebra en el último suspiro antes de irnos lejos, solo dónde nuestro aliento nos abrace.
"Solo estás tú, solo puedes estar tú."
Si alguna vez llegaste a pensar en mi, mi respuesta es que sí, que solo necesito tu veneno para vivir, que el sabor de tus lágrimas saben mejor que las mías en estado de soledad, que las cosas del querer son cosa de dos y que el infinito que sobresale por tu espalda no podrá ser ocultado con un cordial "buenos días".
Nosotros tenemos eso que coloca y descoloca, que mata y resucita, que rompe y repara, que ama y odia, que contesta y oculta, que disimula pero siente.
Nosotros somos lo que el mundo no entiende. Esa risa perdida en el vacío y esa bebida que te llevó al descontrol. Ese humo que se eleva con e aire y esa droga que se introduce en tu sangre. Esa suave luz que te alumbra cada noche cuándo pasas debajo de una farola vieja y esa oscuridad que te acompaña si estás lejos de mi.
"Me alegro de volverte a ver."
Si alguna vez llegaste a pensar en mi, mi respuesta es que no. ¿no? No. Sí. No. Sí... mi respuesta es que no sé, que desconozco cómo podría vivir si te fugas otra vez, que me es inconcebible otra vida en la que no estés tú y que necesito salir de este pozo, que ese 21 de diciembre todo cambió... mis zapatos ya no estaban separados, mi vestido desplegaba su encanto en mi cuerpo, tu corbata fue encontrada, tu traje bien colocado, mi almohada sobre mi regazo aguantando mis lágrimas, mis sábanas ocultando todo mi cuerpo, pero ese cigarrillo seguía vivo; consumiéndose lentamente; dando los últimos coletazos de vida; quemando cada uno de mis sentimientos hasta que el susurro de tu voz lo apagó y con él todo mi ser....
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